Fotos: Agustín Verdeguer.- Cada año, en enero y como manda la tradición, el párroco de L’Eliana realiza la bendición de todos aquellos animales que sus dueños le llevan.
La historia de San Antonio se remonta al siglo III-IV, en el Alto Egipto, cuando un labrador hacendado, al cumplir los 20 años, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto. Desde entonces, ha quedado como el patrón de los animales domésticos.
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Es una de las fiestas que más tradición tiene en los pueblos. En un principio, la bendición era casi exclusiva para los animales de labranza, pero en la actualidad, como han sido prácticamente reemplazados por las máquinas, este acto ha quedado reducido a las mascotas y animales de compañía en general.
Por esta razón, las mulas, los burros y caballos, han dejado paso a los caniches, los siameses, e incluso periquitos y tortugas, aunque todavía, algún que otro caballo recibe su bautizo bendito anualmente. En L’Eliana, los perros ocupan el primer puesto en la lista de bendiciones.
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Junto a la bendición de los animales, es costumbre que los panes pasen por el agua bendita y se repartan entre la gente.
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Desde hace una década, la festividad se ha trasladado al fin de semana más cercano al día 17 de enero. La evolución de la fiesta y la transformación del ritual han hecho que muchos actos se realicen alrededor de la fiesta del fuego y de la pirotecnia.
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Como es el caso del paseo de cohetes por la localidad anunciando el principio de la fiesta o el gran correfocs que representa la parte pagana de la fiesta alrededor de la hoguera. Después del ciclo navideño, la festividad de Sant Antoni es la gran fiesta de invierno en L’Eliana.
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