Fotos: Manolo Guallart.- La imagen se repite durante los primeros 19 días del mes de marzo a las dos del mediodía. Cambian los invitados al balcón municipal -elegidos por sorteo por el Ayuntamiento de València-, cambia la pirotécnica -la de ésta en concreto era la afamada Pirotecnia Turís– y cambian los personajes de fama y/o prestigio que se aprestan a admirar la sinfonía de atronador sonido y olor a pólvora que congrega a cientos, miles de valencianos y foráneos en torno a la plaza del Ayuntamiento.
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Cambió, este 17 de marzo, también la meteorología, ya que la lluvia quiso hacerse presente para intentar, que no lograr, deshacer el matrimonio del pirotécnico con la fiesta. Ni por sas. La lluvia estuvo, sí, pero fue de carcasas y truenos, y no de agua, la que empapó a los presentes con una nueva demostración de ingenio y carácter fallero.
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Lo que no cambió es lo que mandan los cánones de una buena mascletà fallera, aumentando el crepitar en perfecta progresión para enaltecer los miles de corazones a su alrededor, con el preceptivo temblor en el suelo y el éxtasis ensordecedor final que acaba en masivos vítores y aplausos en honor del artífice del disparo, el pirotécnico, felicitado por todos en la ‘plaza más difícil de torear’.
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Siempre hay algo que hace que una mascletà sea única, diferente a todas las demás. En esta ocasión no era un detalle, sino muchos y diversos, los que confirieron al disparo protagonizado por Pirotecnia Turís una originalidad fuera de serie, tanto por las imágenes como el inconfundible sonido con denominación de origen y la fragancia de la pólvora, que inevitablemente nos deja el recuerdo de una magnífica experiencia. Enhorabuena.
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