9 de octubre

Los confiteros de Valencia regalan la tradicional mocaorà al alcalde de la ciudad

El alcalde de Valencia ha recibido hoy la tradicional Mocaorà con motivo de Sant Donís. Representantes del Gremio de Maestros Confiteros de València y del Gremio de Panaderos y Pasteleros de València se han acercado hoy al Ayuntamiento para entregarle la tradicional Moaorà al alcalde de València, Joan Ribó. “Agradezco el obsequio que hacen al Ayuntamiento en forma de Mocaorà, es una visita que recibo con mucha alegría”, ha señalado el alcalde.

Por parte del Gremio de los Maestros Confiteros ha asistido al acto el director de la escuela, Pedro García Coy, junto con la formadora de la escuela pastelera, Queti Quevedo y la secretaria del gremio, Maria García. Por otra parte, en representación del Gremio de Horneros y Pasteleros de València, ha acudido al evento el vicepresidente del Gremio, Enric Canet, junto al secretario general del Gremio, Vicent Martínez; un miembro de la Junta, Jorge Martínez y una artesana textil de Ensedarte, Eva Escamilla.

Joan Ribó ha explicado que “poner en valor nuestra tradición y gastronomía es uno de nuestros objetivos, al mismo tiempo que endulzamos nuestro particular día de los enamorados y enamoradas, el Día de Sant Donís, el próximo 9 de octubre”.

La historia de la tradición

La Mocaorà (mocadorà) trata de una costumbre antigua que ha perdurado en el tiempo. Se remonta al siglo XVIII y se celebra en el día de Sant Donís, patrón de los enamorados y enamoradas valencianos, que coincide con el 9 de Octubre, el Día de la Comunidad Valenciana. Esta tradición consiste en regalar a la persona amada, dulces hechos con mazapán que representan las distintas frutas y hortalizas de la huerta de València, envueltos en un pañuelo, el cuál da nombre a esta costumbre.

El comienzo de esta tradición se remonta al año 1238, cuando Jaume I conquistó València el día 9 de octubre. Cuando vencieron los musulmanes le ofrecieron a Jaume I y a su mujer, frutas y verduras de la huerta envueltas en un pañuelo. Esta tradición se mantuvo hasta después de la Guerra de Sucesión en el siglo XVIII, cuando Felipe V abolió los Furs de València y se prohibió la fiesta. Ante esta decisión, los pasteleros valencianos empezaron a hacer dulces de mazapán con formas de fruta y de piulets, y siguieron celebrando en secreto el día, regalando estas frutas envueltas en un pañuelo a la persona amada.

Este año, nuevamente, la concejalía de Comercio impulsa la celebración de esta festividad con una campaña que invita a consumir los productos típicos de la repostería valenciana en los establecimientos de proximidad.

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