Valencia celebra un apoteósico 700 aniversario del Corpus Christi
Fotos: Juan Ramón Contelles.- La solemne procesión eucarística del Corpus Christi, presidida por el Arzobispo Mons. Enrique Benavent, recorrió este domingor por la tarde las calles del centro histórico de Valencia, que recibieron con enorme devoción y multitud de fieles el paso de la Custodia, que salió desde la Puerta de los Apóstoles de la Catedral.
La custodia procesional, obra de Francisco Pajarón Suay considerada la más grande del mundo -que fue realizada gracias a las donaciones de los valencianos-, volvió a recorrer las calles de Ciutat Vella en procesión este año coincidiendo con el 700 aniversario del Corpus de Valencia.
La celebración de la solemnidad litúrgica del Corpus Christi en Valencia se remonta al siglo XIII, aunque la procesión eucarística fue introducida años después por el obispo Hugo de Fenollet que convirtió a Valencia en la segunda ciudad de España, después de Barcelona, en organizarla.
El domingo a mediodía ya se había celebrado una multitudinaria cabalgata del Convit, que tradicionalmente se desarrollaba para invitar a los propios y extraños a participar en la procesión general de la tarde, de ahí su denominación. En el transcurso de su periplo desde la plaza de Manises, frente a la fachada del Palau de la Generalitat, hacia la calle Caballeros para pasar por la plaza de la Virgen, la calle del Miguelete hasta la plaza de la Reina, se suceden las danzas tradicionales del Corpus como la de los Arquets, Caballets, la Moma y los Momos, la Mangrana, etc., así como la declamación del llamado capellán, a lomos de un mulo, de la invitación en sí misma a todos los ciudadanos y visitantes de Valencia a que acudan a la procesión por la tarde.
En la misma plaza de la Reina, tras el paso de la Real Senyera a la que los miembros de la popular ‘Degolla‘ hacen un pasillo de honor, éstos mismos se agolpan a la entrada de la calle dels Cabillers a esperar a que la Senyera se haya adelantado más allá de la calle Avellanas, porque ya es tradicional que los vecinos de esta zona tiren agua con cubos sobre los componentes de la Degolla en un auténtico baño que se prolonga por toda la calle Avellanas hasta llegar a la esquina con la calle del Palau, junto al Palacio Arzobispal, donde termina la cabalgata en un ambiente festivo y distendido, en un claro contraste con la solemnidad y seriedad de la procesión vespertina.






















































































































































































































